El problema de fondo:
El crecimiento demográfico había llegado a su pico hacia los años 1970, lo cual fue acompañado por un proceso de urbanización acelerada. Esto creó gran presión sobre el sistema educativo: entre 1958 y 1963 el gasto público en educación aumentó de manera notable, y entre 1960 y 1995 el presupuesto del sector se mantuvo alrededor de un 3,2 por ciento del PIB.
¿Cómo hicimos para expandir la matrícula a un ritmo muy superior al crecimiento de la economía, y sin embargo mantener constante el gasto educativo como proporción del PIB? La respuesta es sencilla: disminuyendo el gasto por estudiante en términos reales. De esta manera, una educación pública que ya era de baja calidad a mediados del siglo XX, difícilmente podría haber mejorado.
No solo en Colombia sino en otros países existe la tradición de culpar a los docentes por las fallas del sistema educativo. Ahora bien, si el nivel medio de los docentes es de verdad insatisfactorio, lo pertinente no es echarles la culpa a ellos, sino preguntarse por qué el sistema educativo selecciona y utiliza profesionales de ese bajo nivel.
¿por qué sigue siendo tan alta la proporción de personas completamente marginadas de los beneficios de la modernidad?
No cabe duda de que, aunque la docencia supone una buena dosis de vocación, los salarios bajos de los maestros pesan mucho sobre su calidad profesional y sobre los incentivos para su desempeño. Cuando los salarios medios de los maestros de escalafón bajo (o no escalafonados) se acercan al nivel del salario mínimo se ha ocasionado un daño irreparable a la ya baja calidad de la educación que reciben los alumnos.
Y falta lo peor: las pruebas PISA se aplican a estudiantes de los grados 7 y 9, es decir que no incluye a la población que solamente tiene acceso a escuelas primarias, cerca del 20 por ciento del total.
La cobertura educativa en el sector rural parece estar alrededor del 30 por ciento, lo cual implica un atraso similar al que aquejaba a Colombia en 1950. Para alrededor de diez millones de colombianos no ha habido ningún avance educativo respecto de sus abuelos o bisabuelos
Un estudio de la Universidad de los Andes,
Calidad de la educación básica y media en Colombia, repasa buena parte de los temas que hemos venido debatiendo desde hace medio siglo. Dice el informe: “Primero, la cobertura ha mejorado de forma importante pero aún hay que completar el esfuerzo para alcanzar coberturas aceptables en todos los niveles de educación básica y media. Segundo, aunque ha habido mejoras en la calidad de la educación, aún hay signos preocupantes tanto en el nivel promedio de la calidad de la educación como en la distribución de la misma”.
Este estudio se basa, entre otras fuentes, en las pruebas PISA de 2006, y ahora, siete años después, las cosas parecen haber empeorado. Queda pues la pregunta de si tendremos que esperar otro medio siglo para decir otra vez que hubo progreso pero que los resultados no son aún satisfactorios.
Democracia de mala calidad
Pero existen otros indicadores económicos que pueden asociarse con la mala calidad de la educación, como decir la alta incidencia de la pobreza y el alto índice de desigualdad.
También sobre estos índices debe uno preguntarse: ¿por qué también aquí, como en la educación, hay (cuando más) avances que son insuficientes?, ¿por qué sigue siendo tan alta la proporción de personas completamente marginadas de los beneficios de la modernidad?
Pienso que la respuesta está por los lados de la caricaturesca pero totalmente verídica observación del secretario del Ministerio de Educación en 1965. Hace pocas semanas completé la lectura de dos libros recientes: uno es
Pa’ que se acabe la vaina, de William Ospina, y el otro es
The Tyranny of Experts, de William Easterly.
Ambos dicen lo mismo que decía el secretario en 1965 y lo documentan bastante bien: la democracia colombiana es de mala calidad porque las clases dirigentes se han arreglado para excluir a las mayorías e impedir que sus representantes lleguen al poder. Esto le resta legitimidad al sistema y retrasa el proceso de desarrollo económico. Y ambos autores dicen que hay que cambiar.
No es que no se haya hecho nada en cincuenta años, pero lo principal está aún por hacerse: integrar al país a la población más pobre, relegada y desplazada. Son muchos y llevan muchas décadas de sufrimiento.
Colombia tiene pendiente la tarea de establecer una democracia verdadera. Si seguimos esperando, crece el riesgo de caer en espejismos populista o de agravar las dolencias de una sociedad fragmentada.
*Ingeniero Civil, Universidad Nacional. M.A. y candidato a Ph. D. de Economía de la Universidad de Minessota.
Tomado de: http://www.razonpublica.com/index.php/econom-y-sociedad-temas-29/7578- %C2%BFpor-qu%C3%A9-tenemos-una-educaci%C3%B3n-tan-mala-en-colombia.html